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¿Es sostenible el Crawling Peg del 2%? Crónica de una devaluación anunciada

Editorial: No es sólo la economía, estúpido


Una vieja frase de la campaña electoral de Clinton produjo un adagio muy citado en las clases dirigentes del mundo: “es la economía, estúpido”. Su origen tiene un tinte materialista, porque contra los éxitos militares de George Bush (padre), los demócratas querían apuntar a los problemas de la economía doméstica norteamericana para vencer en las presidenciales de 1992. Más allá de que no había nada demasiado profundo en sus enunciadores, como cualquier cosa que se repite como obviedad, cayó en los terribles reduccionismos. El reconocimiento del fenómeno económico  no desestupidiza ni aviva a las conciencias y las acciones humanas, y una visión desde la economía política no puede caer en simplificaciones orgullosas de la voluntad humana, porque ¿Quién es un agente racional? 

Decimos estas palabras preliminares porque observamos que los indicadores, sociales y económicos, muestran una vez más las severas consecuencias de un ajuste ortodoxo clásico, como el que lleva adelante la política económica de este gobierno. Estamos en la paradoja del ajustar para crecer, que termina en la destrucción de una economía que no sólo no crece, sino que no hace más que achicarse. La devaluación programada de la moneda choca con los límites de la restricción externa, y la presión devaluatoria es cada vez mayor (ver nuestro artículo sobre crawling peg). Desde el ministerio de economía vienen resistiendo esas presiones, no precisamente porque quieran evitar una transferencia  de recursos desde los sectores más bajos hacia las clases más altas, ni porque traten de proteger a lxs trabajadorxs ¿Qué quieren? Sostener un orden social donde el ajuste sea viable. Aun así el límite a la devaluación es una gran incógnita. 

¿Por qué no solo “es la economía, estúpido”? Porque esta variable parece esconder un profundo secreto ¿Qué pasa  entonces con nuestra población? ¿Por qué no explota? Y está ahí, menos visible a los ojos, toda una economía política de la resistencia que no se deja mostrar a simple vista. Una parte de esa lucha social que podemos llamar “organizada” se ve fuertemente fragmentada, ahogada en luchas sectoriales, y todavía herida profundamente de acefalía electoral. Otra parte, menos organizada, descompuesta y  más dañada por las políticas de ajuste. Podríamos sacar la carta de la crisis de representación para explicar el drama de la pasividad política general, pero suficientes estudios han demostrado que la representación política no muere, se metamorfosea según las transformaciones sociales y tecnológicas. Lo que sí está claro es que hay una crisis de  los modelos de Estado o de las instituciones estatales. 

Los escándalos recientes del ex presidente Alberto Fernandez, develan más que la simple debacle moral de una generación de representantes políticos, develan la crisis de una investidura institucional, del funcionamiento de los aparatos del Estado en la absorción de las demandas de la sociedad. Las instituciones estatales, la democracia como tal no está en crisis meramente por la aparición de sus enemigos libertarios. Mientras el Estado reclama sus evidentes atributos de organizador de la armonía social, lo social se derrama por todos lados y en todas partes. 

¿Entonces  si se derrama, por qué no rebalsa? Existen muchas hipótesis posibles, en “la razón neoliberal” Verónica Gago (2014) habla de una incorporación de estrategias neoliberales de negociación y de comercialización de las clases bajas como lógicas de supervivencia desde abajo. Barlotta y Gago (2024) sostienen que las poblaciones más dañadas sobreviven en una lógica de la implosión. Estrategias sobre el territorio para preservar lo poco que se consigue frente a cualquier amenaza y sobrevivir. La explosión como reacción ante el derrumbe de un estado de ajuste se presenta severamente costoso, hasta en la propia imaginación política, para los sectores más oprimidos del sistema. Y  tal vez lo sea para todos. 

Los vaivenes macroeconómicos, aunque se vuelvan evidentes en los datos y se presenten en impactantes gráficos  no crean necesariamente actores políticos, sino más bien agencias de supervivencia fragmentarias. De esta manera, en un contexto de desorientación política,  un estallido macroeconómico puede traer un momento de exacerbación de esas lógicas fragmentarias de supervivencia, más que una resistencia organizada que constituya una alternativa. Tenemos que ser conscientes que nuestra propia práctica política y científica está inmersa en esta complejidad social, para pensar estrategias posibles. 


-Barlotta L. y Gago, I. (2024),  Implosión. Apuntes sobre la cuestión social en la precariedad. Tinta Limón. Buenos aires. 

-Gago, V. (2014), La razón neoliberal : economías barrocas y pragmática popular. Tinta Limón. Buenos Aires. 


¿Es sostenible el Crawling Peg del 2%? Crónica de una devaluación anunciada


Por Julia Segre Maturano y TS


En diciembre de 2023 el gobierno llevó a cabo una devaluación del tipo de cambio oficial del 118% y la misma generó casi de forma automática un gran impacto en la inflación, lo que se conoce como “Pass Through”.  Este fenómeno tan común en Argentina se debe a que la mayoría de los bienes contienen en su proceso productivo algún componente importado, así es como el tipo de cambio afecta el precio de los costos y a su vez genera una gran incertidumbre entre los comerciantes y proveedores, quienes intentarán resguardar sus ganancias en la medida de lo posible. 

Posterior al shock devaluatorio, el BCRA implementó una política cambiaria de ajuste mensual conocida como “Crawling Peg”. En términos prácticos, esta medida consiste en un ajuste del 2% del tipo de cambio establecido en un periodo de tiempo, es decir, es una forma de intervención la cual permite “controlar” el precio nominal del dólar para que el mismo no se traslade a inflación ni se convierta en la incertidumbre de los agentes económicos o mercados.

Pero, en términos reales … ¿Qué tan efectivo es el Crawling Peg?






Cómo se observa en los gráficos precedentes el efecto producido por la devaluación fue invalidado por el alza de precios posterior, quedando el tipo de cambio atrasado en relación al resto de los precios de la economía. De forma que la meta del 2% se vuelve cada vez más insostenible. En paralelo, los dólares financieros toman su propio rumbo y ya superan los $1300, elevándose la brecha cambiaria.

Más allá del valor nominal del tipo de cambio, la tasa de devaluación que marca su evolución tiene efectos reales que no se pueden controlar con un crawling peg. El principal indicador que da cuenta de esto es el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM). Éste, muestra la relación entre el costo de los bienes en nuestro país con los del resto del mundo, en particular, con nuestros socios comerciales: Brasil: 32%; Estados Unidos: 12%; China: 16%; Zona del euro: 19% (La ponderación del mismo se compone correspondiendo al comercio de manufacturas). Las variaciones de este índice muestran cuánto nos encarecemos y cuánto nos abaratamos respecto del resto del mundo y qué tan competitivos somos en consecuencia. Cuando el ITCRM sube, se observa una depreciación, es decir, nos abaratamos, y cuando baja el índice, una apreciación, nos encarecemos.

En el siguiente gráfico podemos observar la trayectoria seguida por este índice desde el incio del gobierno de Javier Milei.



Fuente: elaboración propia en base a BCRA


En los primeros días se presenta un gran salto, correspondiente a la devaluación implementada en los primeros días de gobierno. A partir de este punto, la tendencia es a la baja, debido a los altos niveles de inflación, superiores a la tasa de devaluación. A su vez, esto tiene efectos sobre la competitividad de nuestras exportaciones y el abaratamiento de los bienes importados en relación a lo producido localmente. Cabe aclarar que este no es el único factor que influye sobre este indice, donde también impacta la actuación en el frente externo de nuestros socios comerciales.

Por un lado, las inconsistencias observadas en la política llevada adelante generaron expectativas de un salto devaluatorio. A medida que se acrecenta la brecha con los dolares paralelos, estas van en aumento. A su vez, se da un impacto negativo en las exportaciones, ya que a estas expectativas, la caída del tipo de cambio real produce una merma relativa en las ganancias provenientes de ellas. Es así que, la liquidación de exportaciones provenientes del agro se encuentra en niveles similares a los del año pasado, momento en el cual se sufrió una de las peores sequías de la historia de nuestro país. Esta limitación en la oferta de divisas presiona una vez más a la suba del tipo de cambio.

Este camino nos llevo al contexto actual, plagado de incertidumbre, en el cual la brecha se encuentra en un sendero de crecimiento, condicionado por las presiones cambiarias. Además de los sectores exportadores, entran en juego los intereses de los acreedores del Estado y los bancos, en lo que refiere a la fijación del TC. A ello se le suma, el presunto objetivo manifiesto del gobierno de levantar los controles cambiarios y liberalizar el CEPO, habiendo implementado algunas medidas en ese sentido, como la mayor accesibilidad a los dólares financieros para el público general. Quedan algunas dudas por resolver: ¿Habrá un salto devaluatorio en los próximos meses? ¿Están dadas las condiciones para levantar el CEPO? ¿Dónde se ubicaría el nuevo tipo de cambio?




 
 
 

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