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Mercados, elecciones y ajuste: lo que dejó la paliza en PBA

En la última nota nos habíamos quedado en que el Secretario de Finanzas había confirmado la intervención del Tesoro para llevar un mensaje de tranquilidad a los mercados antes de las elecciones. La jugada, sin embargo, fue recibida con poco entusiasmo.


Paralelamente, el banco JP Morgan presagiaba dos posibles escenarios: por un lado, una victoria ajustada del kirchnerismo (≤ 5 puntos) o triunfo de La Libertad Avanza; por otro, un triunfo peronista amplio (+5 puntos). Lo que nunca se contempló fue la paliza de casi 14% que sufrió el gobierno en la Provincia de Buenos Aires: la derrota más importante de Javier Milei hasta ahora.


En teoría, una elección legislativa provincial no debería mover tanto la aguja de Wall Street. Pero, en primer lugar, fue el propio gobierno el que se encargó de “nacionalizar” la elección en sus discursos; en segundo lugar, faltan pocas semanas para las elecciones nacionales; y en tercer lugar, más allá de las proyecciones de JP Morgan, la reacción del mercado también responde al desprolijo accionar económico que vimos en los últimos meses.


La reacción del mercado

Tras el resultado, todo indica que la batalla seguirá enfocada en sostener el tipo de cambio para que no supere el techo de la banda, algo que ya se venía presumiendo. El lunes posterior desató una ola de ventas generalizadas de bonos y acciones desde la apertura hasta el cierre de la rueda, típico overshooting postelectoral, lo que llevó al Riesgo País a rozar los 1.100 puntos básicos.


Vale recordar: el Riesgo País, calculado también por JP Morgan, mide la diferencia entre la tasa de interés que paga un país por su deuda en dólares y la que pagan los bonos de la Reserva Federal de EE. UU. En otras palabras, es cuánto le cuesta a la Argentina endeudarse en dólares. Aparentemente, los inversores temen que el gobierno pueda verse forzado a ampliar el gasto público y entrar en dificultades para pagar los vencimientos de deuda.


Los activos argentinos vivieron una de sus peores jornadas: las acciones que cotizan en Nueva York llegaron a perder más del 24%, con los bancos a la cabeza, ya golpeados por balances débiles y por ser poseedores en gran medida de activos en títulos públicos. La mayor parte de las caídas se concentraron justamente en los papeles que cotizan afuera, en un contexto de crecientes conflictos geopolíticos que hacen más difícil sostener inversiones de riesgo.


Localmente, el S&P Merval en pesos se hundió 13,3%, mientras que en dólares se desmoronó un 16,4%, el nivel más bajo en 13 meses. En contraste, el dólar tuvo un movimiento más “contenido”: sin intervención directa del Tesoro, pero sí con la participación del Banco Central en futuros y en la rueda de pesos. 


Qué hizo el gobierno

Desde el domingo mismo, el gobierno salió a buscar calma: se comprometió a mantener el ajuste, priorizar el equilibrio fiscal y contener al dólar:

El “lunes negro”, el Secretario de Finanzas, Pablo Quirno, anunció una nueva licitación para patear los próximos vencimientos del Tesoro de septiembre. Se ofrecieron refinanciar unos $7 billones con instrumentos para todos los perfiles: LECAPs, TAMA, BONCER y dólar linked. Todos con vencimientos posteriores a las elecciones del 26 de octubre:

El desafío para el equipo económico de Luis “Toto” Caputo fue no convalidar tasas superiores a las pactadas en la última licitación de agosto, frente a un vencimiento similar. Para ello, resultó clave el aval del FMI:

Mientras tanto, y en paralelo a algunos rebotes positivos en el mercado, el BCRA recortó la tasa de referencia en pesos. Aunque pueda sonar menos atractivo y como una posible amenaza frente a un dólar en alza, la tasa ya venía excesivamente alta y resultó en una estrategia temporalmente exitosa ya que consiguieron rollear el 91% de los vencimientos antes del viernes 12 de septiembre.

El mensaje implícito: “no le tenemos miedo” al dólar ni a la inflación (o pass through), como si lo tuvieran bajo control, “TMAP”. Hay que ver si se mantiene.

Qué opinan las consultoras


La lectura de la situación muestra cierto consenso: a la luz de la historia electoral argentina, no conviene extrapolar el resultado de la provincia de Buenos Aires ni hacia octubre ni hacia 2027. En el plano económico, el gobierno logró mejorar el tipo de cambio real sin generar inflación adicional e incluso reduciendo la tasa de interés. Sin embargo, si en octubre el oficialismo no obtiene un buen resultado, podrían agotarse las posibilidades de financiamiento externo. En ese escenario, la principal preocupación sería la gestión de la deuda en dólares: entre capital e intereses, se acumulan vencimientos por USD 34.200 millones hasta fines de 2027, mientras que las reservas netas ascienden apenas a USD 6.900 millones. Con una demanda tan elevada de divisas por parte del Tesoro y/o el BCRA, se ve difícil sostener el tipo de cambio real en los niveles actuales. A esto se suma la incertidumbre respecto del “rolleo” de los títulos públicos, ya que el mercado podría mostrarse reticente a aceptar vencimientos más allá de 2028.


Cierre y apreciaciones personales

Es cierto que las estrategias aplicadas lograron tranquilizar al mercado, por lo menos en el corto plazo. Hoy, el mercado confía en la dupla Milei–Caputo: no hay expectativas de un salto del dólar y, mientras tanto, la economía sigue anclada. Pero las “balas” disponibles ya no son muchas, y nada garantiza que no haya una corrida cambiaria en el futuro. En ese caso, ¿la salida sería volver a quemar dólares del FMI, como en tiempos de Macri, con los mismos resultados?

Por otro lado, y aunque le quieran bajar el precio, el resultado electoral en la provincia refleja lo que vive el pueblo, no el mercado. Una diferencia de casi 14 puntos en un distrito tan central como PBA muestra que ni el tipo de cambio contenido ni la inflación planchada alcanzan para compensar el ajuste que la gente soporta día a día. ¿A costa de qué se sostienen esas variables? En el largo plazo lo que se agota no son el dólar ni la inflación, sino la paciencia frente a salarios en el subsuelo, ¿Y entonces? ¿En qué momento aparece la famosa “V” de la que tanto hablaban?


 
 
 

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